*

DigitAllPost 2016©
Todos los derechos reservados

Contacto

    ESPAÑA,- Al descubrirse su origen bacteriano, la posibilidad de evitar el contagio manteniendo práctica sexuales seguras y su cura con penicilina, la sífilis ha perdido ya magnitud como epidemia y también como enfermedad tabú. Hoy cuando se habla, se hace por interés científico y también porque el número de casos ha vuelto a aumentar después de caer durante décadas a partir del descubrimiento de los antibióticos.

    Aunque existen dudas de dónde y cuándo apareció la sífilis por primera vez, no hay ninguna de que, a partir del año 1500 barrió Europa con una altísima tasa de mortalidad. Además de la gravedad, la sífilis llevaba consigo el estigma de estar relacionada con el sexo (y por tanto se consideró durante siglos castigo divino contra el pecado) y con la locura.

    Utilizando técnicas de análisis de ADN, una investigación coliderada por Natasha Arora, de la Universidad de Zurich, ha descubierto que las bacterias de sífilis que infectan a los pacientes actuales comparten todas un ancestro común que vivió en el siglo XVIII. “Hay distintas teorías sobre dónde y cómo se originó la sífilis, así que quisimos ver cuánto podíamos remontar en su árbol genético. Llegamos en torno al año 1700. En ese momento, por razones sociales o ecológicas, una cepa concreta se extendió por todo el mundo.

    Las bacterias actuales descienden de aquella cepa”, explica Homayoun Bagheri, investigador de origen iraní y también colíder del proyecto en el Centro Tecnológico Repsol, en Madrid.

    Para su estudio, los científicos aplicaron técnicas modernas de captura y secuenciación de ADN en muestras antiguas. Bagheri explica la enorme dificultad técnica de esta investigación, ya que las muestras clínicas de los pacientes de sífilis contienen muy poco ADN de la bacteria, y cultivar estas en el laboratorio es muy difícil. Hizo falta aplicar procedimientos como los que se utilizan en restos paleolíticos para conseguir cantidad suficiente de información genética.

    En total, recolectaron 70 muestras de 13 países distintos. Los resultados muestran también que las cepas que predominan en las infecciones actuales se originaron en una epidemia que emergió después de 1950, y que está comenzando a aparecer una preocupante resistencia a un antibiótico. Curiosamente, no es a la penicilina, su principal tratamiento.

    Lo es en cambio a la azitromicina, un antibiótico habitual en el tratamiento de otras enfermedades, como la clamidiasis. Puesto que ambas enfermedades están asociadas a conductas sexuales de riesgo, no es raro que aparezcan juntas. “Una puede llevar a la otra ‘a caballito’, y al aplicar el tratamiento de la clamidiasis se ha ido seleccionando la Treponema resistente a la azitromicina”, explica Bagheri.
    r3