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    Es indiscutible, llega el momento en cada una de las Administraciones sexenales de nuestro país, en donde sobre todo y antes que nadie, el jefe del Ejecutivo se empieza a notar taciturno, lejano, como moviéndose en distinto escenario al de la realidad nacional.

    Así y desde hace unos meses, se le ve a Enrique Peña Nieto, quien incluso se muestra más interesado en los temas y acuerdos de política internacional, que en lo que suceda al interior del país, que además cabe acotar, requeriría mayor atención de él mismo por la gravedad de no pocos asuntos que cada vez se tornan más y más complejos.

    Es cierto, el gobernar desgasta y no tanto por los problemas que la nación viene arrastrando sexenio a sexenio, sino por la incompetencia para atender ciertos asuntos y por no cumplir con lo que se promete y más, querer encerrar demonios –como el de la corrupción–, y ostentar ser uno de los mayores males para el país en ese renglón. Sin embargo, Peña Nieto no sólo está sufriendo el desgaste de lo que a muchos pueda no gustar sus acciones de gobierno; sino también el fracaso sobre todo del llamado paquete de reformas estructurales que más bien parece un conjunto de normas disruptivas.

    El tema económico nos tiene en jaque y puede ser uno de los que mayores malestares esté causando entre el gobernante y sus gobernados de este nuestro México.

    La economía y finanzas del país se ven reflejadas en casi todas las esferas del país y no es algo que precisamente se haya abordado con interés de bienestar nacional, sino más bien con el compromiso de acuerdos y tratados de corte internacional, con la idea de vendernos como un país en donde los capitales extranjeros pueden multiplicarse.

    Los trabajadores están perdiendo todo beneficio social y económico, y alzar la voz o manifestarse al respecto, puede valer para endosarles el mote de delincuentes.

    Los jóvenes y estudiantes, igual, van perdiendo oportunidades de estudio y de trabajo por la imposibilidad del Estado de garantizar vacantes, y ese descontento vale decir, es incendiario cada vez que lo avivan.

    La sociedad está molesta –incluso los empresarios—, con un Gobierno que prometió “Mover a México” en positivo y lo único que ha logrado es tenerlo agitado y hasta ha empoderado aún más a los verdaderos grupos criminales que se sirven con la cuchara grande, mientras este se dedica a oprimir.

    Peña Nieto ya no cree pertenecer a nosotros. Le llegó muy temprano la penumbra. Oscuridad que también nos cobija a todos los mexicanos. Él y nosotros. Mal fario.

    Acta Divina… En la presentación del robot Asimov de Honda en 2014, el presidente Enrique Peña Nieto, advirtió sospechar que en algunos años un androide podría gobernar un país.

    Para advertir… ¿Puede un humano actuar como un robot?

    actapublica@gmail.com