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    Antonio de Saint-Exupéry jamás llegó a imaginar que su libro El Principito habría de ser considerado el libro más leído después de la Biblia y justo cuando este mes ha cumplido 70 años, el fenómeno planetario, aunque es considerado un texto para niños, su mensaje tiene profundidad que lo vuelve universal.

    El Principito (Le Petit Prince) es uno de los grandes clásicos del siglo XX, y la universalidad de su mensaje le auguran una larga vida incluso más allá de los 70 años que ha cumplen a partir de su publicación.

    Es una obra difícil de clasificar porque aunque es considerada un libro infantil -lo son también sus ilustraciones, inseparables del texto y de mano del propio autor- contiene metáforas que no son fáciles de entender para los niños y que tienen mucha significación para el adulto.

    A través de los viajes planetarios del principito, su creador, Antoine de Saint-Exupéry, va presentando a otros personajes que son emblemáticos de la condición humana y evidentemente resultado de su aguda observación de los hombres. Desde el hombre que “ordena” que el sol salga todas las mañanas al vanidoso que solo desea recibir elogios.

    Pero tal vez la más significativa para nuestra era ultratecnológica sea la del hombre que ha inventado una píldora para eliminar la sed. Su cálculo es que el invento permite ahorrar 53 minutos por día. El Principito replica: “Si yo tuviera 53 minutos para gastar, caminaría lentamente hacia una fuente…”

    El libro es también uno de los mejores relatos sobre lo que es la amistad, cómo nace, cómo se alimenta y preserva ese sentimiento sin el cual el hombre no sería tal.

    Y, como suele pasar con todo clásico, nos ha legado una serie de frases que son patrimonio de la humanidad. “Lo esencial es invisible a los ojos”; “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”; “Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás”; “Los hombres (…) compran las cosas hechas en el mercado. Pero como no existe el mercado de amigos, los hombres no tienen más amigos”.

    El accidente de aviación en el desierto que da origen al libro sucedió realmente: tuvo como protagonista al autor, Antoine de Saint-Exupéry, aristócrata francés, fanático y pionero de la aviación, en Libia en 1935, con una consiguiente travesía por el desierto. Pero el mito dice también que, a ese recuerdo, se sumó el de dos niñas que conoció en Argentina, durante sus travesías por nuestro país a fines de los años 20 y cuanto tuvo que aterrizar de emergencia en un campo Entre Ríos. Además, sobrevoló la Patagonia varias veces, lo que aparece reflejado en otra novela suya, Vuelo nocturno.

    Su libro más célebre fue redactado en Estados Unidos, un año antes de su muerte -su avioneta cayó al mar, frente a las costas de Marsella, en julio de 1944-, pero su publicación fue póstuma, en 1946, y el autor no conoció su enorme éxito.

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