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    ESPAÑA, – Su meta era ser reconocido como el mejor del mundo, pero la película llegó a su término el uno de mayo de 1944. Una traicionera curva en el circuito de Imola. Un error inexplicable -después se dijo que por un fallo mecánico-, pero Ayrton Senna da Silva el mejor piloto de su época, había muerto.

    Desaparecía un ídolo del deporte, la esquina de Tamburello se robaba esa muestra de rebeldía del símbolo del éxito.

    El tiempo no parece tener límites, llega a España, Senna, película que rememora su vida, escarba el lado humano del minto. En imágenes se contempla los mejores años del piloto, sus primeros triunfos, épicos duelos con el -maestro- Alain Prost, su trágico final. Asif Kapadia, autor del filme, pinta al hombre que luchó contra el sistema, quiso ayudar a otros e hizo soñar a un país.

    Por desgracia, su obra no pudo ser completada, 17 años después, la película demuestra la realidad, clásica. Kapadia se esmeró en hacer un trabajo auténtico, sonido e imagen debían ser cinematográficos -dice el autor-, la persona más importante de la película era el propio Ayrton, al que no podía entrevistar. Una opinión de Prost, otra de Frank Williams; usando imágenes antiguas sería como el propio Senna no está contando su historia.

    La pregunta entonces es obligada ¿porqué elegirlo para una película?.

    Fue mi productor, James Gay-Rees, quien puso en marcha el proyecto. Su padre trabajó en John Player Special, una de las primeras marcas que publicitaron a Senna, y le habló de alguien muy especial, intenso, distinto a otros pilotos. El automovilismo ha tenido grandes campeones pero, para el padre de James, la humanidad de Senna le convertía en diferente. En 2004, diez años después de la muerte de Senna, James leyó que la productora Working Title había hablado con la familia de Ayrton y que éstos habían dado su permiso para difundir grabaciones privadas…

    James habló con Working Title, se pusieron de acuerdo y decidieron que yo podría ser el director idóneo. No querían un documental clásico, sino algo que fuera un poquito más allá, y mi obra les gustaba.

    Fueron cientos de horas, el reto era el proyecto sin precisar límites en cuanto a parar, qué descartar. El primer corte de la película duraba siete horas, finalmente quedó en cinco -demasiado para cines- de manera que la versión estrenada no alcanzó las dos horas.

    ¿Recuerda algún fragmento particularmente difícil de eliminar? y Kapadia, emocionado dice:

    Muchos. Momentos muy emocionantes, con gente llorando, o riendo, pero con poca calidad de imagen… Hay una escena muy especial: durante un entrenamiento, creo que en el GP de España, Ayrton paró su coche y cruzó la pista para socorrer a un compañero accidentado. Creo que fue en 1992: Ayrton se jugó la vida, delante de todos, para ayudar a un rival. También era muy especial un diálogo, pocas semanas antes de morir, con el piloto Patrick Berger.

    Ambos estaban en Imola y, tras rodar por la curva en la que Senna murió, comentaban lo peligrosa que era. Ayrton protestó, decía que estaba muy bacheada, pero no sirvió de nada. Unos meses después se estrelló en ella, y murió. Hay otra historia, de la que no encontramos imágenes, pero que también representa cómo era Senna: en su última carrera, en la que murió, su mono llevaba la bandera austriaca en lugar de la brasileña. Era su homenaje a Roland Ratzemberger, que se había matado el día antes. Senna no quería correr ese día, pero sabía que, de hacerlo, tendría que ganar y dedicarle así su triunfo al compañero caído. No pudo ser.

    Como cualquiera, Senna tenía muchos defectos. ¿Cómo hablar dos horas de él, con admiración y emoción, sin convertirlo en un santo?

    Es uno de los motivos por los que, a mitad de la película, nos detenemos en su batalla con Prost. Fue una lucha hermosa, de las que engrandecen el deporte, pero también muy peligrosa, muchas veces fuera de los límites del deporte y de la vida. Senna chocó una vez con Prost a propósito, para ganar el Mundial y vengarse. Es algo que habrían hecho muchos, pero fue peligroso, y él sabía que estaba mal. Su diálogo con Jackie Stewart, en el que éste le acusa de imprudente, también muestra su carácter: Senna no sólo quería ser el más rápido, sino también el más duro, con todo lo que eso implica.

    ¿No teme mostrar a Prost como el malo de la película?

    Antes de hacer la película, no era un gran aficionado de la F-1 ni de Senna. Sabía de sus problemas con Prost, pero era imparcial. Fue al hablar con la gente, al revisar todo el material, cuando vi que no había un malvado, pero sí comportamientos injustos. Jean-Marie Balestre, el presidente de la FIA por aquel entonces, era francés y trató siempre de ayudar a Prost. La F-1 es un negocio, y eso a veces trae decisiones desleales. Además, mi película se llama Senna: muestra su punto de vista, y el de la gente de Brasil. Si alguien cuenta la misma historia en Francia la cinta se titularía Prost, y todo sería diferente. Esa es la naturaleza del cine, y de la propia historia: si pretendes ser demasiado imparcial, aburres.

    ¿Qué aprendió, en el plano personal, haciendo la película?

    Cuando le dedicas 5 años de tu vida a un proyecto, y éste gira sobre una sola persona, el protagonista llega a ser como alguien de tu propia familia. Estás todo el día con él. Llegas a casa y le hablas a tu mujer de él. He aprendido mucho de Senna. Antes de hacer la película, mi héroe era Muhammad Ali: su lucha contra la opresión, lo bien que boxeaba, lo divertido y desafiante que era… Pero creo que Senna hizo todavía más por la gente, más allá de las carreras.

    Encontré mucho sobre el hombre: sus obras de caridad, cómo cuidaba a los niños… Eso le hacía especial, su humanidad, su cuidado por los demás. Y otra cosa: nunca se rendía, no abandonaba jamás, y esa era una buena lección. En medio de gente rica, hablaba de niños paupérrimos. Defendía la seguridad de los pilotos, erigiéndose como su líder. Era un hombre muy especial: por eso creo que la película, incluso a gente a la que no le interese el deporte, puede hacer pasar un buen rato.

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