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    NUEVA YORK,- La inquietud que genera el alza del dólar en los países emergentes, es digna de considerarse.  Desde la elección de Donald Trump se advierte intensa actividad entre los inversionistas que han experimentado  por el aumento sostenido del dólar con respecto a las demás monedas del mundo.

    Esta situación para Wall Street significa que la economía estadounidense se halla lista para una próxima etapa, gracias a recortes a los impuestos, el gasto gubernamental y la reducción de requisitos normativos, medidas que el presidente electo ha prometido aplicar de inmediato.  Pero, el alza del dólar provoca preocupación financiera en todo el mundo.

    Los países de los mercados emergentes y las empresas que por más de una década han acumulado deuda barata en dólares ahora enfrentan un repunte en los costos de servicios y mayores deudas.

    Además, los gigantes financieros globales —bancos, aseguradoras, fondos mutualistas, de pensiones y patrimonio soberano— que han financiado esta bonanza de préstamos por 10 billones del dólares deben enfrentar un periodo de altas tasas de intereses y condiciones financieras más estrictas, por lo que estarán menos dispuestos a otorgar créditos a empresas e inversionistas.

    “Es la naturaleza ubicua del dólar y su papel en el sistema bancario global”, comentó Hyun Song Shin, investigador del Bank of International Settlements, un foro que agrupa a los bancos centrales de todo el mundo. “Cuando sube el dólar, afecta directamente la capacidad de bancos e inversionistas para asumir riesgos”.

    Poco después de la victoria de Trump, Shin publicó un artículo que ha tenido amplia circulación porque argumenta que el nuevo “indicador del miedo” en Wall Street es la dirección en que se mueve el dólar.

    Un alza abrupta en esta moneda debería considerarse una señal de emergencia para los inversionistas, escribió. Cuando se mueve en la otra dirección se encuentra en modo “riesgo encendido”, según el lenguaje de los intermediarios, lo que indica que es momento de evitar las apuestas especulativas.

    Desde las elecciones, el índice del dólar para el comercio ha aumentado un cuatro por ciento. Sin embargo, este desplazamiento no refleja con claridad los pronunciados aumentos frente a varias monedas. El dólar subió diez por ciento con respecto al peso mexicano y ocho por ciento contra el yen japonés.

    En cuanto al yuan chino, el movimiento ha sido menos pronunciado, de solo 1,5 por ciento. No obstante, el lenguaje combativo de Trump hacia China ha originado inquietud en Pekín por la posibilidad de que los ahorradores locales intenten enviar más depósitos al extranjero, lo cual ejercería mayor presión sobre el yuan.

    Ni los economistas, ni los encargados de las políticas han aceptado por completo esta nueva y polémica teoría de Shin.

    Por ejemplo, William C. Dudley, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, el ente regulador que mantiene una vigilancia estrecha sobre los riesgos financieros, ha dejado claro que el alza del dólar debería considerarse como una señal positiva.

    No solo se trata de que un dólar fuerte envía un mensaje positivo sobre el crecimiento continuado de la economía estadounidense, sino también da la esperanza de que Japón y Europa superen su racha de años de estancamiento deflacionario.

    “El dólar se encuentra firme porque el público considera que la economía estadounidense tiene mejores perspectivas, lo cual es realmente positivo”, declaró Dudley en una entrevista reciente con CNBC. “Así que ese tema no me preocupa”.

    Sin embargo, a Shin y su equipo de economistas no solo les inquieta la posibilidad de que el alza del dólar precipite una crisis en mercados sensibles como Turquía, Sudáfrica o Brasil. También les preocupa el sistema bancario global y la posibilidad de que el alza del dólar acentúe el fenómeno de la escasez de dólares, que podría evocar la crisis financiera de 2008 y 2009, cuando un ímpetu global por la divisa estadounidense creó un pánico de liquidez.

    En países como Malasia, donde los exportadores decidieron guardar dólares por temor a que la moneda se debilite más, los bancos centrales están imponiendo reglas que exigen a las empresas cambiar hasta el 75 por ciento de las utilidades de sus exportaciones a la moneda local, el ringgit.

    Otros analistas como Julian Brigden, de Macro 2 Intelligence Partners, han destacado conexiones entre periodos sostenidos de solidez del dólar y momentos de inestabilidad financiera. En particular, resalta dos periodos de este tipo.

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