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    WASHINGTON,-  Resulta difícil pensar que a menos de dos semanas de la toma de posesión de Donald Trump, la Conferencia de Obispos Católicos (USCCB) se pronuncie por una política migratoria humana y a favor de que Estados Unidos rescate su tradición como país hospitalario.

    ¿Pensar en un milagro?, ¡difícil!, el llamado fue realizado por el cardenal Daniel DiNardo, de Galveston-Houston, presidente de la USCCB, y por su vicepresidente, el arzobispo José H. Gómez, de Los Ángeles, con motivo de la Semana Nacional de la Migración que se celebra del 8 al 14 de enero.

    “Esta Semana Nacional de Migración es una oportunidad para acoger la importante labor de seguir asegurando la frontera, de dar la bienvenida al extranjero y servir a los más vulnerables– todos los componentes de una política humanitaria de inmigración”, señalaron en su proclama.

    Aunque el pronunciamiento de la cúpula católica de Estados Unidos no menciona explícitamente a Trump, el próximo presidente ha sido centro de atención de los grupos defensores de migrantes por lo que consideran como expresiones amenazantes contra los inmigrantes.

    Como presidente electo, Trump reiteró su plan de construir un muro en la frontera con México, deportar a entre dos y tres millones de inmigrantes indocumentados con antecedentes penales, eliminar las acciones ejecutivas migratorias de Barack Obama y revisar los programas de visas.

    En este contexto, los obispos destacaron que los norteamericanos tienen un “gran patrimonio” de dar la bienvenida al recién llegado que está dispuesto a ayudar a construir una mejor sociedad para todos.

    Al respecto lamentaron que, en ocasiones, “el miedo y la intolerancia han puesto a prueba ese patrimonio. Ya sea que emigraron de Irlanda, Italia o muchos otros países, las generaciones anteriores enfrentaron intolerancia”.

    Pero “gracias a Dios, nuestra nación creció más allá de esas divisiones para encontrar fuerza en la unidad y la inclusión”, subrayaron.

    La Semana Nacional de la Migración es una celebración que comenzó hace más de 25 años como una espacio de reflexión sobre las formas en que inmigrantes y refugiados han contribuido con la Iglesia católica y con Estados Unidos.

    Durante la edición de 2017, los obispos invitaron a los católicos a crear una “cultura de encuentro donde los ciudadanos viejos y nuevos, junto a los inmigrantes recientes y de hace mucho tiempo, pueden compartir uno con el otro sus esperanzas de una vida mejor”.

    “La migración es, más que nada, un acto de gran esperanza. Nuestros hermanos y hermanas que se ven obligados a migrar sufren separaciones familiares devastadoras y a menudo enfrentan condiciones económicas desesperantes”, deploraron.

    De la misma forma hicieron notar que los refugiados huyen de sus países debido a guerras y persecuciones que los inspiran a arriesgarlo todo por una oportunidad de vivir en paz.

    “Como católicos en los Estados Unidos, la mayoría de nosotros puede encontrar historias en nuestras propias familias de padres, abuelos o bisabuelos que han dejado el viejo país por un futuro prometedor en Estados Unidos”, indicaron
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