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    Puede parecer fantasía, fábula de animales, no de seres humanos, pero no está tan jalado de los pelos. Es tema de gran reflexión. Tal como nos recuerda y describe Ariel Dorfman, el 22 de octubre de 1970 fue el atentado contra la vida de René Schneider, jefe de las fuerzas Armadas Chilenas.

    Murió. La CIA, recuerda el historiador y nos cuenta que Estados Unidos con otro intento de “subvertir ” la voluntad del pueblo chileno, seis semanas antes Salvador Allende, socialista, con férreas convicciones democráticas ganó la presidencia de la República de Chile, habiendo gastado Washington millones en campaña, tratando de prevenir aquella victoria. La muerte se Schneider, leal a su comandante, no pudo impedir que el ahora “comunistoide” asumiera el mando.

    El gobierno de Nixon no podía tolerar esa revolución sin violencia, ese moderno programa de liberación nacional, de justicia social y económica que proponía Allende. La CIA siguiendo instrucciones directas de Kissinger, continuó durante 3 años saboteando la economía chilena, asaltando su soberanía. Exclamaba Nixon textualmente “que grite de dolor” finalmente el primer presidente electo democráticamente fue depuesto, muriendo en el Palacio de Moneda el 11 de septiembre de 1973. Lo mismo había pasado en Irán, Guatemala, Indonesia y Brasil,
    donde mandatarios opuestos a los intereses estadounidenses, habían sido derrocados. Poco después la intervención americana se sintió, cuando invadieron Panamá y derrotaron a Noriega… una práctica que se les había hecho costumbre.

    A continuación la gran paradoja del Siglo XXI. La misma CIA, que para nada le importó la independencia y real democracia de esas naciones con tendencias socialistas, ahora se lamenta sobre todo que sus tácticas hayan sido imitadas por un pujante “rival” o cómplice internacional Vladimir Putin. Los votantes estadounidenses sufren lo que los chilenos, (el tiro por la culata).

    Un líder o cómplice ruso, pudo influir en el destino de las elecciones de Estados Unidos. Cada vez más convencidos, los ciudadanos estadounidenses, con las pruebas que se siguen desahogado, dicen que los votos fueron manipulados por una potencia extranjera para que ganara Trump.

    En respuesta, este extraño sujeto usa términos idénticos a aquellos que sugieren un ataque frontal en otra soberanía como “ridículos, inverosímiles… una mera teoría de conspiración”.

    Emergió con gran experiencia en intervencionismo, este personaje también, con gran talento en conspiraciones corporativas, usufructuario con su victoria, de un poder extremo y de terror. Antes del comienzo de su mandato, ya pudo intervenir, disminuyendo de facto, el poder del mismo presidente Obama y alejado del establishment, amenazando con resultados sorpresivamente exitosos a corporaciones multimillonarias e influyentes com Ford, GM y hasta extranjeras como Toyota.

    Todo el mes de diciembre y lo que llevamos de enero, prácticamente todos los días se ha dedicado a confirmar sus amenazas y referirse a ellas respecto a México.

    Insospechado no fue, pero el pueblo mexicano experimentó un nombramiento terrorífico, el de Luis Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores, donde surge por todo lo anterior, la gran sospecha de que dicha designación ha sido “impuesta” por el presidente electo de Estados Unidos. Esa duda surge y parece probable porque “fue recibido como Jefe de Estado”, cuando apenas figuraba como candidato, a instancias de quien entonces todavía era titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Púbico. No faltará quien con la investidura del día 20 de enero,  concluirá que fue “un acierto haberlo traído”, pese a la generalizada desaprobación de casi todos los mexicanos.

    Este suceso tiene implícito un hecho desgarrador para la soberanía mexicana, con consecuencias negativas jamás vividas y sólo comparadas con la entrega de parte del territorio del norte del país en épocas pasadas. Un candidato electo de un país enemigo pudo presionar de tal manera que, anticipadamente, pondrá su parapeto para el candidato a la presidencia de México en 2018. Éste con grandes probabilidades y expectativas para ganar, dado el apoyo moral y económico con fondos ilimitados para su campaña, por parte del presidente y ser humano más poderoso de la tierra ya en funciones, nos guste o no, Donald Trump. Este sujeto ha demostrado que odia a México y dados los antecedentes, está preparando una ofensiva insospechada.

    Por último, tenemos lo acontecido con las gasolinas y los hechos que han tenido lugar, son consecuencias que vienen juntas con una desaprobación casi “nacional” del presidente y todos sus actos. Nadie puede leer a ciencia cierta, si las protestas y vandalismo fueron planeadas por el Gobierno federal o los mandó la consciencia publica. Dadas las circunstancias, sólo se presentan 2 escenarios según nosotros:

    1.- Si es cierta la imposición de Luis Videgaray, comenzarán a relajarse las tensiones con el país del norte.

    2.- Si no, Trump va a cumplir al pie de la letra todas sus amenazas.

    El discurso de EPN, no pensamos haya convencido, a casi ningún sector de la población mexicana, para relajar la violencia y levantamientos que se avecinan. La devaluación del peso acelerada es según nosotros inevitable. Es impredecible el futuro de nuestra patria. Hay que prepararnos para lo peor.

    jcrh