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    El sistema político mexicano fue célebre por la gran variedad de barajas, abiertas o cerradas, que tenía en la mano para responder oportuna y eficazmente a las pruebas y a las presiones de sus clientes y opositores. Podía usar todas al mismo tiempo o prorratear cada una, de acuerdo al tamaño del desafío que enfrentara.

    ‎Los oficiantes políticos manejaban una especie de prestidigitación de la que hacían gala ante las embestidas. Continuamente dejaban constancia de su pericia y contundencia. Sus poderes eran legítimos, asumidos y obedecidos por una gran mayoría. Los niveles federales y locales de autoridad contaban con un amplio espectro, capaz de intercambiar y combinar sus respuestas, casi siempre al gusto del reclamante.

    Era un aparato sólido de dominio en todas las formas, aunque en el fondo sostuviera esquemas de dominación y explotación hegemónica, de los que nunca ha sido autónomo. Se plegaba a los dicterios extranjeros, pero de una manera que no fuera ostensible, ni insultante, pues trataba de conservar la apariencia de nacionalista y combativo en defensa de los intereses superiores del país.

    En muy pocas ocasiones enseñó el cobre. Sin embargo, cuando lo hizo no fue fácil reponerse del gazapo, ni recuperó el terreno perdido ante los grandes luchadores sociales que lo pusieron en jaque. Las huelgas ferrocarrileras, magisteriales, obreras, estudiantiles populares y el terremoto del ’85 fueron los parteaguas de su eficacia.

    Al anexionismo impúdico lo motejaron como neoliberalismo social

    A partir de ahí nada fue igual. El sistema entró en un tobogán, en una sucesión de errores mayúsculos, producto de sus propias deficiencias: represión, endeudamiento exterior, ineficiencia burocrática, rapiña sistemática, que lo desnudaron ante la opinión pública y lo expusieron al ludibrio y a la crítica de los contestatarios y líderes sociales.

    La crisis de la deuda de 1982 asustó sobremanera a los presidentes priístas. La reclamación de los financieros neoyorkinos sobre el pronto pago de las obligaciones contraídas por las abultadas deudas externas fue algo que no pudieron aguantar los próceres lópezportillistas y salinistas-delamadridistas‎, que optaron por empinarse demasiado para cubrir sus cuotas de legitimación. Al anexionismo descarado e impúdico lo motejaron como neoliberalismo social.

    Entregaron de inmediato grandes pedazos de la soberanía nacional, reservas petroleras, concesiones inauditas sobre energía, gas, minas, bosques, reservas hidráulicas, sistemas bancarios nacionales de pago, financieras, industrias clave para el desarrollo estatal, hipotecas sobre nuestro futuro y lo que usted se imagine.

    México pasó a ser una sucursal de los intereses foráneos

    Aparte de lo anterior, se sumaron las estupideces de Salinas de Gortari, como el desmantelamiento del Estado, el abandono total de la producción industrial estratégica, la apertura indiscriminada de las fronteras a la penetración de toda la basura extranjera, la obediencia ciega a los dictados del FMI y del Banco Mundial, manipulados por los financieros neoyorkinos.

    México pasó a ser una sucursal de medio pelo de los intereses foráneos. Con Zedillo las acciones entreguistas se agudizaron. A todas las demás, les añadió el financiamiento a banqueros y constructores, a través del Fobaproa y de todo tipo de rescates monetarios, a base de nuestras reservas líquidas, depositadas en los EU para apoyar al dólar.

    Todos ellos utilizaron los activos mexicanos para soportar sus “exitosas” carreras de gatos internacionales del mejor postor. Culiempinados y rateros, lo lograron. Quedaron blindados ante la furia de los nacionales, consiguieron salvoconductos de inmunidad, con la condición de no volver a pararse frente a algún grupo de indignados.

    ¿Transparencia y rendición de cuentas? Sólo es retórica impune

    ‎Los presidentes pripanistas Fox, Calderón y Peña Nieto han mantenido el modelito hasta límites execrables y nauseabundos. Aparentes neoliberales, entreguistas de corazón, ignorantes de tomo y lomo, sin el mínimo sentido de patria y gobierno, han ejecutado las pautas de desregulación inmoral que pretende privatizarlo todo.

    Continuaron desmantelando al Estado, reduciendo al absurdo el gasto social, comprimiendo el empleo y los salarios hasta dejar exhausto al mercado interno, única palanca posible del desarrollo, cuidando al infinito los indicadores macroeconómicos en detrimento de la dirección nacional de la economía. Entregando brutalmente el sector energético.

    Combatiendo, entre comillas, la inflación, sin proponer bajas tasas de interés a largo plazo, firmando a todo costo tratados de libre comercio que sólo benefician a unos cuantos nativos y extranjeros para destruir la competitividad nacional, el sector agropecuario y facilitar la acción de los mercados externos. ¿Transparencia y rendición de cuentas? Retórica impune.

    Hoy, con justa razón, hasta los obedientes “Juanes” se indignan

    A velocidad turbo, el sistema político mexicano se quedó aislado y desquiciado. Más pobre que un perro de ciego. Catatónico y terminal. En el estado de debilidad estructural más grave de su historia. Devastado por los mismos a quienes el pueblo le confió su custodia, en una desgraciada hora.

    Panistas y priístas no sólo han rematado en ventas de garaje la soberanía popular, sino han sido los celosos guardianes de que esa maldición no se revierta: masacraron a decenas de miles de mexicanos en la guerra contra el narco, sólo para conseguir su objetivo de dejar los aparatos públicos de seguridad, las decisiones, las armas de largo alcance y las plazas más importantes del país en manos del narcotráfico, a cambio de un puñado de dólares.

    ‎Hoy, con justa razón, hasta los obedientes “Juanes” se indignan. Soldados de base, entorchados de todos los mandos en jubilación y mandos medios de la tropa en el país convocan a integrar un frente común de lucha con campesinos, obreros y ciudadanos que responda con energía a las absurdas decisiones peñanietistas de los gasolinazos, una obra de desclasados y obtusos mentales.

    Los estertores de El Sistema derruido ya son inconfundibles

    Enviados por sus jefes castrenses a reprimir a ciudadanos indignados que se han volcado a tomar gasolineras y estaciones de servicio de gas, casetas, carreteras, pipas y transportes de gasolina para distribuir el producto entre la población de escasos recursos que la requiere con urgencia, los soldados de tropa no han ejecutado las órdenes de sus superiores, quizá porque en el fondo saben que no tienen razón, que son decisiones deslegitimadas que operan contra la economía nacional.

    Los grandes entorchados que despachan en Lomas de Sotelo están cariacontecidos. Los generales se han quedado sin tropas.

    La mandíbula de la represión, en la que siempre se ha apoyado la infame e inoperante tolucopachucracia para creer en su infalibilidad, ésta vez falló. ‎Han logrado derrotar hasta a su ultima ratio que hasta ahora los protegía aferrados a las cavernas y las sillas de mando. Los estertores de El Sistema derruido son inconfundibles. Pero los gerifaltes estuvieron gozando de sus vacaciones alargadas, y nada es más importante que eso.

    ‎Nadie da la cara. Y los que la están dando por todos son los ciudadanos indignados que ven llegar la tempestad de las alzas inminentes en todos los artículos comestibles y de primera necesidad. En calles, carreteras, estudios de grabación, redes sociales comprometidas y universidades se atrincheran y pelean las conciencias lúcidas de la Nación.

    IEPS, para compensar las quiebras de Pemex y de la CFE

    Algunos gobernadores afines a Peñita, con la influencia muy diezmada, exigen que el gobierno federal posponga su voraz carga impositiva sobre el precio de la gasolina, para compensar las pérdidas que ha arrojado haber quebrado a Pemex y a la CFE. A pesar de que saben que ya pidieron al extranjero otro medio billón de millones de pesos a cargo de deuda, para pagar los pavorosos ingresos burocráticos de sus favoritos.

    ‎¿ Quién va a creer en la plantilla de gobernadores priístas, si la mayoría de ellos, complicitados e involucrados en los negocios públicos por Peña Nieto andan a salto de mata, prófugos de la justicia, espantados por la súbita sed de impartir justicia que embarga hoy al pendenciero Presidente?

    ‎El pavor de los priístas enquistados en El Sistema es por perder sus entre$, moche$ y canonjía$. Pero la batalla ciudadana es por algo más preciado. Es una lucha por la dignidad, la sobrevivencia y la razón. ‎En ella se libra el futuro posible. Salvar lo poco que nos queda.

    Todos sabemos que aunque se dé marcha atrás a esta desquiciante aventura de los ignorantes en el poder, el cobre ha sido enseñado. El golpe está dado, y ya no sirve de nada esconder la mano. La factura tiene cobro inmediato en las urnas electorales. La ambición presidencial de Meade, Oso…rio Chong, Nuño, Eruviel, Vi(rey)garay y tal y tal… se fue al caño.

    ¿No cree usted?

    Índice Flamígero: Dos epigramas, dos, nos envían este día don Alfredo Álvarez Barrón y su alter ego, El Poeta del Nopal. El primero, titulado “El Muro”, obedece a una cita textual de lo dicho por Donald Trump –“con impuestos, cheque de caja o reembolsos, pero México pagará por el muro”– en su conferencia de hace dos días:

    “Le sugiero tome nota, /
    si nos quiere basculear: /
    ¿qué le puede reembolsar /
    un país en bancarrota?”

    Y el segundo, con el cabezal “La fuente”, es sobre “el colmo de la dependencia: México, uno de los 10 productores de petróleo más importantes del mundo, depende de la gasolina que importa de los Estados Unidos…”:

    “Puede sonar indecente, /
    y me indigna, no sé a usted, /
    que triste es morir de sed /
    teniendo a un lado la fuente”.

    www.indicepolitico.com /
    pacorodriguez@journalist.com /
    @pacorodriguez
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