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    MÉXICO.- El incremento de un 20% al precio de las gasolinas, mismo que entró en vigor el pasado 1 de enero, despertó la indignación de los mexicanos. Pero las redes sociales, se encargaron de orquestar e impulsar movilizaciones, algunas con legítimas protestas y otras, con el simple afán de perjudicar al próximo.

    Facebook, Twitter, WhatsApp e Instagram son tan sólo algunas de las plataformas que ven florecer las manifestaciones de miles de ciudadanos que, junto a organizaciones no gubernamentales, han dejado fuera a los partidos políticos de las protestas para mostrar que las redes sociales facilitaron la organización para expresar el hartazgo por la corrupción y el incremento de los impuestos.

    Como era de esperarse, han tenido lugar diferentes actos… el más reciente, que este fin de semana se hackeara Google Maps, al grado de que en su página la residencia oficial de Los Pinos, apareciera como “Residencia Oficial de la Corrupción” . Naturalmente, dicho acto provocó que la palabra #GoogleMaps se convirtiera en trending topic en la red social de Twitter.

    Especialistas y analistas, indican que ante actos como este, el Gobierno federal se encuentra a tiempo de escuchar las protestas que están teniendo lugar en las calles, y en especial en las redes sociales. No en balde, se registraron nada menos que 29 eventos a lo largo de la semana pasada.

    Con relación a la ola de saques y actos vandálicos, en realidad nadie sabe a ciencia cierta lo que está pasando, aunque los mensajes en redes sociales proliferan entre invitaciones a robar, pánico por una supuesta movilización masiva de las policías y el Ejército para reprimir a los manifestantes y cualquier intento de protesta.

    En cuestión de horas, el pánico logró salir de las redes sociales para materializarse en calles, plazas comerciales, supermercados, gasolineras. Hay saqueos, sí, pero no todos son verdaderos. La mayoría siente temor por su seguridad. Se cierran negocios. La gente se resguarda en sus casas.

    Es la psicosis social que se desató a partir de algunos hechos delictivos, pero las protestas en ciudades como Tula, Monterrey, Camargo, Tepic, Hermosillo evidenciaron que los manifestantes están hartos de la táctica de agitadores y provocadores para anular la “voz ciudadana”, en especial por los mensajes que se multiplicaron a través de las redes sociales y WhatsApp.

    A esta realidad se une la de otras manifestaciones, las legítimas, que ocurren en todo el país en rechazo al gasolinazo. La otra cara de la moneda son los bloqueos en carreteras, la toma de casetas, las protestas afuera de estaciones de servicio o de las dependencias de Gobierno.

    Para los expertos, esta campaña de miedo pareció cumplir con su objetivo. Poco a poco, la protesta legítima contra el gasolinazo va perdiendo espacio en la agenda pública del país, aunque la indignación persiste.

    Hay tantas teorías sobre lo que ocurre, como actores interesados en deslindarse o cargar la culpa a algunos. Lo cierto es que en la historia reciente del país no se había visto un fenómeno con tal alcance y magnitud, y todo surgió desde el malestar y las redes sociales.

    jcrh