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    El mundo de la política ha descorrido una vez más el telón, los actores salieron a escena. Luis Videgaray vuelve al reino de los ungidos, marginan a Claudia Ruiz Massieu -¿renunció?- de la Secretaría de Relaciones Exteriores , porque ella se opuso a la invitación de Donald Trump cuando era apenas aspirante presidencial.

    Videgaray ha sido el arquitecto principal del citado encuentro, le “costó” la cabeza , el peso de la moneda es de las más afectadas en el mundo y sin embargo frente a la crisis económica en la cual se halla sumido el país, en medio de tanta esquizofrenia, Videgaray está de vuelta.

    Las reuniones secretas de Videgaray con Jared Kushner, yerno de Trump con el propósito de acordar los términos sobre los cuales se retomará la relación bilateral. Ambos son ministros sin cartera y sin la obligación de rendir cuentas. Cabe decir que en todas las gestiones que hizo Videgaray siempre excluyó a Ruiz Masseiu, pero además sus instrucciones precisas de Los Pinos, era de no inmiscuirse.

    Cabe decir que Videgaray no aceptó -en su momento-  colaborar en el proceso de sucesión en el Estado de México, a cambio de ello pidió tiempo, alejarse del medio y posteriormente discutiría el papel que desempeñaría al lado del presidente  y por supuesto Peña Nieto le considera su mejor amigo y colaborador de muchos años,  y a quien le guarda cierto respeto-.

    Durante su alocución el presidente no hizo alusión al caso de Ford y si en cambio recalcó que el precio a los combustibles no tiene vuelta de hoja y la ciudadanía tendrá que “apechugar” con el alza y todo lo que viene, aunque se “preocupa” por los más necesitados que puedan ser afectados.

    ¿Qué se puede pensar?

    Los integrantes del sindicato de trabajadores de la industria automovilística de Estados Unidos (United Auto Workers) aplaudieron la decisión de Donald Trump con relación a la presión ejercida sobre Ford. Ellos por concepto de salario devengan 28 dólares la hora, mientras los trabajadores mexicanos ganan menos de 6 dólares por hora.

    Las unidades fabricadas en México y exportados a Estados Unidos para su venta no pagan aranceles. El gobierno mexicano ha cortejado a las empresas automovilísticas de todo el mundo firmando 13 tratados de libre comercio con 44 países que representan 60 por ciento del producto interno bruto mundial. El país tiene acceso libre de impuestos a 47 por ciento del mercado mundial de vehículos, en comparación con el 9 por ciento de Estados Unidos.

    Nueve fabricantes mundiales de autos, incluyendo Toyota y Nissan, han anunciado más de 24 mil millones de dólares  en inversiones en México desde 2010. BMW AG, Daimler AG y Audi de Volkswagen producen o planean ensamblar vehículos de lujo, motores o camiones pesados en el país.

    ¿Será entonces que México es un país rumbo a la revolución económica?.

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