
Hace meses que preferí la inmortalidad del águila,
rompí mi pico que estaba repleto de «no puedo» de «ya no más» y de «nunca»
y que se deformaba peligrosamente hacia mi pecho.
Arranqué una a una las uñas que ataban a mi corazón al suelo,
que me unían a la realidad y me prohibían soñar,
ganando por medio la perseverancia y la lucha,
hace ya años que preferí,
aprender sufriendo,
a vivir resignado a la mediocridad y a lo fácil.
Decidí esperar largo tiempo en renovarme, despojarme de las plumas de la inseguridad, del miedo, para darme cuenta que verme a mí misma,
reconocer mis cicatrices,
sus historias
y estar orgullosa.
Es el primer paso hacia eso que llaman vida.
Quitando las viejas plumas de mis alas,
arrancándolas con mi nuevo pico lleno de fe,
esperanza y valentía,
de seguir,
de salir de éste hoyo
y con el corazón latiendo a miles quemando en mi interior
por volver a los cielos,
por volver a volar.
Después de éste largo, doloroso e inolvidable proceso,
extiendo mis alas en forma de victoria,
porque mi cuerpo lleno de cicatrices tiene mucho más vigor que el anterior,
no me arrepiento de todo lo desprendido,
por más doloroso que sea,
cada pluma ha sido restaurada por una nueva,
mis alas son mucho más fuertes,
salen al vuelo,
arriesgan y no se arrepienten por lo que viven,
más resistentes al dolor,
más fuertes para abrazar.
Nunca esperé vivir este vuelo de renovación,
en realidad,
desde el comienzo no creía que algún día me llegaría,
pero estoy feliz de haberla vivido,
de desprenderme del miedo y aprender las reglas del juego,
apostando por mí misma,
poniendo mis estrategias al momento de luchar y disfrutar el campo de batalla.
El Quid pro quo es continuo,
arriesgas algo para conseguir lo otro,
la vida es así.
Justo ahí,
cuando pierdes el miedo a apostar,
a saltar,
a bailar,
cuando te atreves a arriesgar,
empiezas a vivir.
No te arrepientes,
nunca,
porque bueno o malo,
siempre consigues algo,
siempre ganas,
siempre aprendes.
Y Cum Laude vuelves, vuelves al vuelo.