El tesoro de Boscoreale | Digitall Post : Digitall Post
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El tesoro de Boscoreale

El tesoro de Boscoreale

En 1895 tuvo lugar un descubrimiento sorprendente en una finca de Boscoreale, un pueblecito cercano a Nápoles, fundado sobre las laderas del Vesubio. Vicenzo De Prisco, un propietario de fincas de la zona, realizaba excavaciones en una antigua villa rústica romana sepultada por las cenizas del volcán el año 79.

La villa, conocida como la Pisanella, ya había sido detectada por unas excavaciones previas realizadas en 1868 por Modestino Puzzella, pero se habían abandonado porque se consideró que el carácter agrario de la edificación (contenía lagares, bodegas, y almacenes de grano) no aportaría objetos arqueológicos interesantes para la época.

A partir de 1894 se reanudaron las excavaciones en la Pisanella por medio de Vicenzo De Prisco. Los trabajos no parecían compensar mucho porque apenas se habían descubierto algunos objetos de bronce, que era principalmente lo que buscaba la apertura del yacimiento. Pero el 13 de abril de 1895, un operario que trabajaba para De Prisco encontró de improviso un tesoro magnífico de oro y plata en una cisterna del lagar (torcularium) que poseía la villa.



Angelo Pasqui, inspector enviado por el servicio arqueológico de Pompeya para supervisar las excavaciones, narró las circunstancias del hallazgo: “en el fondo de este subterráneo se halló un cadáver, caído sobre las rodillas y las manos, y allí cerca, la impronta de un saco de piel, del que se habían derramado mil monedas de oro desde Tiberio a Domiciano, de las cuales 575 eran de Nerón. Bajo el pecho del esqueleto estaban agrupados, como si allí hubiesen caído de sus manos, una gran joya con doble cadena de oro, dos brazaletes de oro en forma de serpiente y otros dos brazaletes de oro compuestos por bolas encadenadas. Delante de la cara del cadáver, donde la cisterna se ensancha hacia el forum, estaban dispuestos en orden cuarenta vasos de plata, algunos lisos, otros con figuras de hombres, animales y guirnaldas en relieve”.

Todo indicaba que el rico propietario de la villa, posiblemente el banquero pompeyano Lucio Cecilio Jocundo, mandó a algún criado de confianza (el cadáver) que lo depositara allí en espera de poder recuperarlo cuando pasara la erupción.

El tesoro que hoy exhibe el Louvre es fruto de dos adquisiciones a De Prisco en el año 1895 y de una posterior en 1990 a través de subasta pública. De Prisco continuó con su actividad y volvió a realizar otro gran negocio con la venta de los frescos de la Villa de P. Fannius Synistor al Metropolitam Museum de Nueva York en 1903. También vendió a coleccionistas particulares diversos objetos.

Para que el Museo del Louvre, se hiciera de estas obras de arte, se le hizo una oferta por 500.000 francos (casi dos millones de euros actuales). La institución, que no poseía esta fortuna, los adquirió mediante el mecenazgo del banquero Edmond Rothschild, quien puso el dinero y después donó las piezas al museo entre mayo y agosto de 1895.



El museo las fotografió y publicó un estudio monográfico del conjunto en 1899 por medio de P. Héron de Villefosse, que es la fuente más fiable del estado original de los objetos. Se sabe que el mecenas se reservó 6 piezas de la vajilla, entre ellas las copas de Augusto y Tiberio, sobre las que luego hablaré, y que De Prisco también retuvo algunos objetos en su colección particular.

De las piezas conservadas por los Rothschild no se supo nada más hasta que casi un siglo después, en 1990, fueron adquiridas por el Louvre en pública subasta en un estado de conservación lamentable: las copas habían sido agujereadas y parte importantísima de su decoración había sido arrancada.

jcrh