El INEGI dio a conocer en días pasados la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) para el segundo trimestre del presente año, que aunque no son los datos definitivos, proporcionan una aproximación de la dirección de la economía nacional, lo que permite tomar mejores decisiones, así como corregir o reforzar las medidas tomadas en las empresas, en el país e incluso en el aspecto personal.
Para algunos fue sorpresivo que el crecimiento de la economía nacional fue de 1.4% en el segundo trimestre de 2016, respecto al mismo periodo del año anterior, después de haber registrado un avance de 2.8% en los primeros tres meses del año. Ambos datos están corregidos por la estacionalidad, lo que es importante sobre todo tomando en cuenta el efecto de la Semana Santa. Si solo se compara el segundo trimestre con respecto al primero de este año, se tiene una caída en la producción de -0.3% o sea por primera vez en varios años se registra un dato negativo. Este número equivale a una caída anualizada de -1.2%, suponiendo que todos los trimestres del año tuvieran el mismo comportamiento, que es la forma más común en la que se presentan éstas estadísticas en Estados Unidos y otros países.
Hay que tomar en cuenta que estos porcentajes son preliminares y tienen el problema de la estacionalidad, pero confirman que la economía nacional ha entrado en una tendencia descendente, ya que registró un crecimiento de 2.5% en promedio el año pasado, mientras que es de solo 2.1% en promedio en el primer semestre de 2016 y de 1.4% en el segundo trimestre. Esto significa que habrá una menor creación de empleos en los siguientes meses, los salarios reales tenderán a disminuir (a pesar de las presiones de algunos sectores por incrementarlos), además de que aumentará el tamaño de la economía informal. Esta tendencia deberá tener un impacto en la contratación de nuevos créditos, en el crecimiento de la cartera vencida de los bancos y en una menor capacidad de negociación de los trabajadores y de los empleados.
Son varias las causas de esta desaceleración, pero es relevante destacar la relación que tiene nuestra economía con la producción industrial externa, variable que ha sufrido un comportamiento negativo desde el año pasado, sobre todo en los Estados Unidos. (Esta situación ayuda a entender el apoyo que tiene el candidato Trump entre sectores de trabajadores y obreros.) Esta caída en la producción industrial externa castiga a nuestras exportaciones por la menor demanda que tienen en los países donde se reduce el crecimiento económico, lo cual impacta en sus precios, los cuales no alcanzan a ser compensado por la devaluación de nuestra moneda.
Otra variable que ha perjudicado la actividad nacional ha sido la menor inversión en el país, tanto la pública como la privada. Esta última ha resultado perjudicada por un deterioro en las expectativas empresariales, que se inició desde el año 2013 como resultado de la política fiscal y la incertidumbre en la aplicación de las distintas reformas económicas, pero que se ha agravado en los pasados meses afectada por la inseguridad, la falta de un estado de derecho y los diversos conflictos en el país que imponen un grave costo a las empresas.
Este es el momento para iniciar un programa de reactivación económica a fin de evitar un deterioro adicional de la actividad económica en el resto del sexenio, en donde participen todos los sectores económicos y sociales, en el cual todos pongan para que… todos ganen.
jcrh