Lo que nos dejaron las precampañas que en realidad son campañas : Digitall Post
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Por: Sergio Villaseñor

Por fin han concluido las precampañas en México. Con el objetivo de ofrecer democracia al interior de los partidos políticos, el Instituto Nacional Electoral (INE) abrió un periodo de precampañas para que éstos elijan a su candidato para ir en busca de la Presidencia de la República.

Una vez electo (a mediados de febrero) será hasta finales de marzo que los ahora sí candidatos inicien sus campañas electorales que concluirán el 27 de junio, tres días antes de las elecciones presidenciales. El infierno está lleno de buenas intenciones, dicen por ahí. Y es que la “buena intención” del INE de orquestar toda esta faramalla de las precampañas se queda en eso, pues en los partidos quedó claramente evidenciado que no hay democracia.

El propio Presidente, Enrique Peña Nieto, se decantó por el ex Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, para ser el representante del PRI en una apuesta que no sólo parece arriesgada por lo deslavado (no literal) del candidato ciudadano, sino porque no produce ningún respeto en el más incauto de los votantes. Carece de carisma y parece más un papanatas que una persona de autoridad. Hasta pareciera que lo pusieron para asegurarse que el PRI perdiera esta elección.

En el PAN las cosas cambiaron radicalmente. Ricardo Anaya, un politiquillo de Aguascalientes que se desempeñaba en cargos menores llegó a la dirigencia nacional como subordinado de Gustavo Madero, quien en 2015 solicitó permiso para contender por un cargo. Ricardo, en el papel, únicamente figuraría como un parapeto; sin embargo, tomó el mando del partido y excluyó no sólo a su exjefe, sino que no dejó participar a nadie. Fue de esta manera que quedó fuera la esposa del expresidente Felipe Calderón y otros panistas y perredistas que aspiraban a algún cargo.

El hacer y deshacer a diestra y siniestra le ha pasado rédito a Ricardo, ya que durante la última semana de precampañas fue acusado de corrupción, cuando la revista Proceso, en su edición del 3 de febrero, el periodista Álvaro Delgado dio a conocer que el precandidato de la alianza Por México al Frente creó una fundación que no sirvió mas que para triangular recursos. El origen del dinero, su destino y desaparición llamó la atención de los medios de comunicación, dejando hasta la fecha una obscena incógnita a lo que el reportaje denunciaba. La única respuesta que Anaya atinó a conceder fue que se trataba de una guerra sucia.

Finalmente podemos mencionar a Andrés Manuel López Obrador, quien en 2013 rompió con el PRD, partido que lo impulsó en 2006 y 2012 en su intento por llegar a la Presidencia, iniciando la construcción de su propio partido: Morena. Naturalmente, nadie le iba a discutir la posibilidad de participar como aspirante presidencial. Fiel a su costumbre, montado en su nihilismo, el precandidato (que es en realidad un candidato) descalificó a quien osara criticar su precampaña, tal como lo hizo con el politólogo Jesús Silva Herzog, quien consideró como oportunista la suma de figuras públicas y personalidades de otros partidos. A esta disputa se sumó el historiador Enrique Krauze, a quien Andrés Manuel acusó de conservador con apariencia de neoliberal y ya encarrilado se seguiría con otros como Denisse Dreser, concluyendo que “ni aguantan nada”.

En los tres casos los precandidatos marchan como aspirantes únicos. De esta manera las precampañas que en realidad son campañas, han costado en un sólo mes, 10 millones y medio de pesos (si hemos de creer lo que los partidos reportan al INE), llevándose no sólo dinero, sino también la poca credibilidad que existía en el seno de la política mexicana.