Partamos del caso de Karla Souza para entender el acoso sexual : Digitall Post
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Por: Sergio Villaseñor

En días recientes la periodista mexicana Carmen Aristegui atizó los medios de comunicación en México al dar a conocer una serie de entrevistas que realizó a dos actrices, una comediante y una clavadista mexicanas. En dichas conversaciones, las tres entrevistadas denunciaron actos de violencia de género; violaciones en el caso de Karla Souza quien declaró haber sido víctima de agresión sexual por parte de un director mexicano.

El caso de Karla Souza fue el que acaparó las miradas, no sólo por el nivel de transgresión del victimario o por el rompimiento repentino que Televisa realizó con el director mexicano Gustavo Loza; sino por la lluvia de comentarios que se desataron en las pláticas de café y en redes sociales marcados por un entorno visceral, lleno insultos y vituperios y carentes de entendimiento argumentos y razones.

Cobijados por la inmediatez y el anonimato que brindan las redes sociales se podían leer comentarios como “¡Pinche vieja!, ella se lo buscó”, “Sólo quiere hacerse fama”, “Así es el medio”, “Si la violaron hace años, ¿por qué lo denuncia hasta ahorita?”. Juicios absurdos que fueron azuzados por el video de una entrevista en la que Karla Souza señaló que en algún momento de su carrera sacó provecho de su belleza para conseguir un papel o una promoción.

En el punto anterior debemos entender que si ella decidió sacar ventaja del hecho de gustarle a un director, ¡no la hace merecedora a una vejación carnal!, pues es ella quien decide qué hacer con su cuerpo y con quién. El hecho que un hombre transgreda el espacio y el consentimiento de una mujer aprovechándose de su posición de poder es lo terriblemente grave y lo que tendría que jalar la hebra de conclusiones en este asunto de altísima importancia.

Ni Karla Souza, ni ninguna otra mujer tendrían que ver sus esfuerzos y sus facultades disminuidos por prejuicios que aluden a su género. Las mujeres se han convertido en presas de caza gracias a la atracción o la admiración que pueden suscitar, soportando que cualquier baboso las toque mientras les habla casualmente.

Bajo este toldo conceptual también debemos desdeñar nociones de custodia (pendejadas, en realidad) como el “No se le debe tocar ni con el pétalo de una rosa”. La igualdad y el respeto no se pueden alcanzar a través de la galantería insulsa.

Es momento que en un país mojigato y remedón como el nuestro cambiemos el pensamiento retrógrado y sexista que galopa libremente y dejemos de ver a la mujer como un trofeo. “Es que admiro su belleza”, dicen algunos y tampoco va por ahí, pues al considerarla un objeto de culto se está banalizando su existencia, limitándola únicamente a un cuerpo.

La comodidad no es una concesión es un derecho, hagamos pues un examen de nuestras complicidades con el sistema patriarcal en el que mujeres como Karla Souza han sido quienes han pagado los platos rotos.