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Lo bueno, lo malo y lo feo de la marcha de las mujeres

Francisco Chávez

Por: Francisco Chávez

hace 4 semanas

Lo bueno, lo malo y lo feo de la marcha de las mujeres

Imagen: Redacción

  • Es una película que se ha repetido en otros países…

La marcha de las mujeres es, en definitiva, lo más importante que ha surgido desde el pueblo en los últimos meses.

Lo bueno (la marcha)

El 16 de agosto debe recordarse en su totalidad y, lo indispensable, en su origen.

No se debe olvidar la razón: la IMPUNE violencia que incluso llega desde el nicho que se supone debe cuidarnos a todos.

Este país es un infierno para todos los que lo habitamos, pero es cierto que todo aquello se ve multiplicado si naces mujer.

Por ello, no hay que dejar de buscar la empatía, porque eso es lo que hace que este movimiento tenga fuerza.

Esa capacidad de sentir lo que el otro nos permitirá llevar esto más lejos de una simple protesta.

Unámonos, respetemos opiniones y seamos mejores, pero sobre todo, caminemos por el bien común.

Todos tenemos mujeres y hombres importantes en nuestras vidas, cualquier mejora es para todos.

Lo malo (un rostro)

La marcha de las mujeres tuvo una gran carencia: no hay líderes visibles, ni activistas ni organizaciones.

Se sabe qué causó las protestas y que la exigencia surge de la inseguridad y la violencia contra las mujeres.

¿Pero dónde están las propuestas específicas?, ¿debemos esperar a que el Gobierno brinde la mejor solución de algo que no siente, que no vive y que no parece interesarle?

Espero que pronto se levante una mano (o varias) que hagan que este movimiento sea más preciso.

¿Qué hace falta?, ¿controles policíacos?, ¿una cámara instalada en cada policía al estilo de Estados Unidos?

A eso creo que hace falta apuntar: soluciones.

¿Y por qué? Para que este movimiento no logre ser adueñado políticamente por nadie pues los desmanes ocurridos pusieron entre la pared a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y a la procuradora Ernestina Godoy.

Sí, dos mujeres en altos puestos que dieron su brazo a torcer y que sufrieron el descrédito de la nación por la inacción o que lo hubiesen sentido del mismo modo si hubieran actuado.

Lo feo (y peligroso)

Todos vimos cómo un pequeño sector de la protesta se convirtió en otra cosa: Rayas en las paredes, agresiones… todo fue documentado por diversos medios.

No se trata de los monumentos; es decir, al final yo tampoco decido a dónde van mis impuestos y arreglar o no una pared queda en segundo plano si con lo que se compara son vidas humanas.

Pero ese no es el camino más inteligente y sí es uno muy peligroso…

Desde un argumento simplista se puede decir que romper una estación de transporte público (concesionado a la clase privilegiada, sí) no salva vida alguna.

Pero si se piensa a fondo, lo que se demostró por algunas mujeres fue que también se puede obtener IMPUNIDAD si te respaldas en una causa justa.

¿Si a mí me roban, puedo ir a robar a alguien más?, esa acción podría intentar validar la comisión de un delito.

Y lo peor del caso es que la violencia conduce también a un discurso de odio. Esto sólo lleva a la división y a más violencia.

La maldad existe y no distingue géneros, un hombre no es un villano sólo por tener pene, una mujer no es un objeto sexual sólo por usar minifalda.

Además, mientras situaciones así se desarrollan, hay inocentes afectados. Así fue con la destrucción de la camioneta, de una organización feminista, que fue destrozada en la marcha pase a que llegaron a apoyar la protesta.

En otros países ha sucedido y el odio se termina por apoderar de los movimientos y llega a ensombrecer las demandas justas.

Es decir, este sentimiento negativo cambia por completo la intención de un movimiento.

Que no se propaguen en México frases como “ante la duda, tú la viuda” o “mata a tu marido”.

Esas frases están lejos de lo que el feminismo, de primera ola cuando menos, que buscaba validar cualquier decisión que tome una mujer.

El nuevo feminismo que ya pesa en países como Argentina, también minimiza a la mujer cuando la decisión de ésta es tener un hogar y no un empleo, cuando quiere tener hijos o cuando desea casarse.

Y para rematar, también pone a todos los varones como los malos de la película.

Como dice Camille Plagia, pionera del movimiento feminista en los años 60:

“Los hombres se han sacrificado y lisiado a sí mismos física y emocionalmente, para alimentar, alojar y proteger a las mujeres y niños. Ninguno de sus sufrimientos y logros es registrado en la retórica feminista, que retrata a los hombres como explotadores, opresivos e insensibles”.


Francisco Chávez es licenciado en Comunicación por la FES Acatlán de la UNAM, donde también cursó el seminario Interdiscursividad: cine, literatura, historia. Gusta hablar de temas peliagudos con respeto ante todo. Le apasiona la escritura, la música (en especial el rap y la trova), además del cine.